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ESTRATEGIAS PARA MEJORAR VELOCIDAD



Desarrollando la Velocidad: Estrategias y Consideraciones Clave


La velocidad es un atributo esencial en muchos deportes y actividades físicas. No solo implica movimientos rápidos, sino también una eficiente transmisión de energía y una óptima coordinación neuromuscular. Para comprender cómo se desarrolla la velocidad y optimizar este aspecto en el entrenamiento, es crucial considerar tanto los aspectos neuromusculares como los biomecánicos.


Neuro y Biomecánica: La Base de la Velocidad


El proceso de desarrollar velocidad implica una combinación de factores neuromusculares y biomecánicos. En el ámbito neuromuscular, la capacidad para generar una gran descarga neuromuscular es fundamental. Esto implica la activación sincronizada y rápida de unidades motoras en el músculo, permitiendo una contracción muscular más potente y rápida.


Desde una perspectiva biomecánica, el tipo de músculo (rápido o lento) y la función de los músculos biarticulares juegan un papel crucial. Los músculos rápidos tienen una mayor propensión para la contracción rápida y la generación de fuerza explosiva. Además, los músculos biarticulares, que cruzan dos articulaciones, pueden almacenar y liberar energía elástica, contribuyendo a la velocidad del movimiento.


El reflejo miotático, un mecanismo neuromuscular que involucra la respuesta automática de un músculo al estiramiento, también desempeña un rol. Este reflejo ayuda a mantener la integridad de los músculos y contribuye a la velocidad al permitir contracciones musculares rápidas y potentes en respuesta a estímulos externos.


La transmisión de energía a través del tejido conectivo es otro aspecto relevante. El tejido conectivo, como los tendones, almacena energía y actúa como un resorte que puede liberar energía durante movimientos explosivos, mejorando la velocidad de la ejecución.


Preparación del Cuerpo para la Velocidad


Antes de abordar directamente la velocidad, es esencial que la persona esté libre de dolor y que sus movimientos sean funcionales y fluidos. Una buena salud articular y muscular es la base sobre la cual se construye la velocidad. Abordar cualquier restricción o disfunción en esta etapa es crucial para evitar lesiones y maximizar el rendimiento.


Es importante evitar el error común de imitar los gestos deportivos desde el principio en un intento de generar movimientos rápidos. En lugar de eso, la velocidad se debe abordar de manera progresiva y sistemática.

Estrategias para Desarrollar Velocidad

  1. Trabajo de Hipertrofia: Tanto el músculo rápido como el lento contribuyen a la velocidad. Entrenar ambos tipos de fibras musculares es fundamental. La hipertrofia muscular puede enfocarse en entrenamiento lento o rápido, dependiendo de las necesidades individuales.

  2. Trabajo Isométrico: Los ejercicios isométricos, en los que se mantiene una posición sin movimiento, ayudan a desarrollar la fuerza máxima y la estabilidad en una posición específica. Esto prepara al cuerpo para generar fuerza y velocidad en movimientos específicos.

  3. Trabajo de Fuerza Máxima: La fuerza máxima es un componente esencial para la velocidad. Entrenar con cargas pesadas mejora la capacidad del cuerpo para generar fuerza en situaciones de alta demanda, lo que contribuye a la velocidad en movimientos explosivos.

  4. Trabajo de Potencia: Aquí es donde la velocidad se incorpora más directamente. Los ejercicios pliométricos y otros métodos de entrenamiento de potencia permiten al cuerpo generar fuerza en un corto período de tiempo, mejorando la capacidad de realizar movimientos explosivos.

  5. Trabajo de Velocidad: Una vez que el cuerpo ha sido preparado a través de las etapas anteriores, es el momento de entrenar directamente la velocidad. Esto implica ejecutar movimientos explosivos con alta velocidad de contracción muscular.

Medir la Necesidad de Fuerza según la Carencia


Es importante evaluar el tipo de fuerza necesario según las carencias individuales. Algunas personas pueden necesitar enfocarse en la fuerza de iniciación para acelerar desde una posición estática. Otros pueden necesitar desarrollar la fuerza explosiva para mantener una alta velocidad a lo largo de un movimiento.


En el contexto del desarrollo de la velocidad, comprender los diferentes tipos de fuerza es esencial para diseñar un programa de entrenamiento efectivo y específico. Los tres tipos de fuerza que desempeñan un papel fundamental en la mejora de la velocidad son la fuerza de iniciación, la fuerza explosiva y la fuerza reactiva. Cada uno de estos tipos de fuerza se enfoca en aspectos específicos del proceso de aceleración y movimiento rápido.


1. Fuerza de Iniciación:


La fuerza de iniciación se refiere a la capacidad de generar una fuerza significativa desde una posición estática o de inicio. Es esencial para superar la inercia y comenzar a moverse rápidamente. Imagina un corredor en una carrera de 100 metros. Antes de entrar en movimiento, debe vencer la resistencia inicial y generar suficiente fuerza para acelerar desde la posición de arranque.

Para desarrollar la fuerza de iniciación, es importante realizar ejercicios que se centren en la producción de fuerza en momentos de baja velocidad. Esto incluye movimientos isométricos, donde se mantiene una posición estática contra una resistencia, y ejercicios de fuerza máxima en los que se trabaja con cargas pesadas para mejorar la capacidad de generar fuerza desde una posición de parada.


2. Fuerza Explosiva:


La fuerza explosiva se refiere a la capacidad de generar una gran cantidad de fuerza en un corto período de tiempo. Es crucial para realizar movimientos rápidos y explosivos, como saltos, sprints y movimientos deportivos que requieren una aceleración rápida.

Para desarrollar la fuerza explosiva, es importante incorporar ejercicios pliométricos y movimientos rápidos y potentes en el entrenamiento. Los ejercicios pliométricos implican la realización de acciones de salto y rebote que requieren una rápida contracción muscular seguida de una extensión explosiva. Los levantamientos olímpicos, como el arranque y el envión, también son excelentes para mejorar la fuerza explosiva, ya que implican la generación de fuerza máxima en movimientos de alta velocidad.


3. Fuerza Reactiva:


La fuerza reactiva se relaciona con la capacidad del sistema neuromuscular para aprovechar la energía elástica almacenada en los tejidos conectivos, como los tendones. Cuando un músculo se estira rápidamente, como durante un salto o un rebote, se acumula energía elástica en los tendones. Esta energía se libera durante la contracción muscular subsiguiente, lo que aumenta la potencia y la velocidad del movimiento.

Para mejorar la fuerza reactiva, es importante incorporar ejercicios que involucren cambios rápidos de dirección, como saltos a cajón o ejercicios de salto vertical. Estos movimientos permiten que los músculos y los tendones almacenen y liberen energía elástica de manera eficiente, lo que resulta en un aumento en la velocidad y la potencia del movimiento.


Consideraciones Adicionales para el Desarrollo de Velocidad


Además de las estrategias anteriores, hay aspectos fundamentales que a veces se pasan por alto:

  • Sueño: El sueño adecuado es esencial para la recuperación y la función neuromuscular óptima. La falta de sueño puede afectar negativamente la velocidad y el rendimiento general.

  • Regeneración: Programar períodos de descanso y recuperación es vital para evitar el agotamiento y mantener la capacidad de entrenar con alta intensidad.

  • Periodización: Planificar adecuadamente el entrenamiento a lo largo del tiempo es esencial. La periodización permite variar la intensidad y el volumen para evitar estancamientos y reducir el riesgo de lesiones.

  • Calidad de Movimiento: La técnica y la calidad de movimiento son esenciales para la velocidad. Movimientos precisos y eficientes maximizan la transmisión de fuerza y minimizan el riesgo de lesiones.


REFERENCIAS:





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